A estas personas se les hace casi imposible la integración a las empresas de trabajo. Entonces, se encuentran fuera de su familia, de su tierra, sin dinero y sin nadie que les ayude en todo sentido para comenzar una nueva vida que les permita reintegrarse de nuevo a la sociedad.
Estas condiciones les llevan a permanecer en la calle: sin alojamiento, sin comida, y sin un lugar donde poder hacer una vida digna; los albergues municipales que existen en nuestra nación y algunos otros centros de la iglesia, solamente los recogen por espacio de siete días, una vez terminado este período no pueden volver allí hasta que no han pasado noventa días.
De esta forma, estas personas se convierten en seres ambulantes, van recorriendo toda la geografía nacional sin la más mínima posibilidad de poderse integrar en la sociedad.
El corazón de los Discípulos de Jesús de Nazaret debe hacer lo imposible para encontrar la forma de tener unos hogares para estas personas donde se les pueda ofrecer alojamiento y comida durante un tiempo prudencial como mínimo de un año, mientras se realizan las gestiones pertinentes para encontrarles un medio de trabajo e integración de nuevo en la sociedad en que vivimos.
Somos conscientes de que esta labor es sumamente difícil; pues estas personas que se han acostumbrado a vivir de forma ambulante y sin ningún compromiso con la sociedad que los rodea.
Nuestra labor pedagógica consistirá: en irlos poco a poco integrando a pequeños trabajos, aunque sean domésticos, los cuales ellos deben aceptar a cambio del esfuerzo que los miembros de nuestra congregación están realizando para que vuelvan lo antes posible a ser personas válidas para sí mismo, para los suyos y para la sociedad.
Los Discípulos de Jesús de Nazaret tenemos nuestras vidas entregadas al amor de Dios y al servicio de los pobres, necesitados, enfermos, inmigrantes, transeúntes y todos aquellos que necesiten nuestra ayuda. Nosotros, queremos anunciarles el reino de Dios, al estilo de Jesús.
Él no suprimió el sufrimiento, ni quiso revelar todo su misterio; pero el hombre que sufre y que padece necesidad, iluminado por la fe y unido a Cristo paciente, debe saber que con su dolor y con su sufrimiento, puede contribuir a la salvación del mundo.
Por eso los Discípulos de Jesús de Nazaret, vivimos la asistencia a los más necesitados y nuestro servicio a favor de los más pobres, como anuncio y signo de la vida nueva y eterna conquistada por la redención de Cristo nuestro Salvador.
Nosotros sus Discípulos con el voto de atención a los enfermos y a los más necesitados nos dedicamos bajo la obediencia de los superiores: comprometiéndonos a prestarles todos los servicios necesarios, por humildes que sean , incluso con peligro de la propia vida. Nuestra mayor dicha está en vivir en relación con los destinatarios de nuestra misión. Los acogemos y servimos con la amabilidad, comprensión y espíritu de fe a que son acreedores, como personas e hijos de Dios.
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