“St 2, 14-15”
¿De qué sirve hermanos míos, que alguien diga: Tengo fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe?
El amor a Dios lo podemos contemplar desde la realidad misma del ser humano, es decir, desde su propia identidad, y este amor a Dios nos lleva paulatinamente, a un compromiso con el hermano, es un proyecto de amor que abarca a todo ser desprotegido, pero que como persona posee actitudes de cambio que lo pueden hacer mejor, útil a Dios y a su grupo social.
La Congregación Discípulos de Jesús de Nazaret, incluye en su pastoral, la promoción y desarrollo de la persona, incentivando en ella el surgimiento de nuevos valores ético-sociales que le permitan ser incorporados a la sociedad como persona de bien.
La Congregación ha encontrado en el Evangelio y en la Iglesia, las diversas formas de cómo Jesús quiso prolongarse en el mundo sirviendo de diversas formas a los excluidos por la sociedad.
El Discípulo de Jesús, es signo personal de Cristo Resucitado, y esto con audacia. Sin dejarnos seducir por nuestras dudas personales, o por dudas que vienen de afuera.
Somos testigos de Cristo Resucitado presente con su poder hoy y siempre, amando y salvando a toda criatura que como tal es hijo de Dios. Es esta nuestra razón de ser, es una realidad vivida de una manera entusiasmante y totalizante, que arranca la luz y la fuerza que nos invita a vivir en plenitud nuestro compromiso con el hermano necesitado, es por ello que para nosotros la plenitud se halla en amar como Jesús amo, y servir como Él sirvió.
Es por ello, que nuestra actividad misionera incluye la preparación de la persona desplazada del grupo social, para su nueva incorporación en sociedad. Proponiendo un nuevo estilo de vida con los valores esenciales del Reino de Dios.
Jesús vivió amando siempre a todos sin excluir a nadie, pero tuvo especial misericordia por: Los pobres, los enfermos y los pecadores, cada persona es parte de la biografía de Jesús, pues en el amor Él nos asumió a todos, por esta razón los Discípulos de Jesús de Nazaret, vivirán siempre dándose, amando sin esperar nada más que en Jesús quien nos ha sembrando la semilla del servicio.
Nuestra casa de reinserción será siempre casa de rehabilitación y de esperanza para aquellos que se sienten solos y sin futuro.
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