Palabras del Padre Fundador La Oración, El Ayuno y La Misericordia
       
Normas de Vida que Debemos Vivir los DISCÍPULOS DE JESÚS DE NAZARET
         
Déjalo Todo Para Darte a Dios, Date por Entero y con Alegría
     

Pero, además, darte con un amor tan verdadero, que de él brote como de fuente abundosa e inagotable el celo Apostólico en toda su fecundidad y en toda su pureza. Esto es lo que debe buscar un Discípulo de Jesús de Nazaret.

Andar siempre en verdad significa tomar la perfección Evangélica tal como está en el Evangelio, con gran sencillez, sin necesidad de interpretación.

Andar en verdad significa no interpretar el Evangelio y no interpretar la vida de perfección Evangélica, de manera que se quede uno con lo que pudiéramos llamar la figura de las virtudes, pero con la sustancia de ellas.

 

 
   

Al mismo tiempo que se ande en verdad y en caridad, pero ándese con alegría porque Dios es alegría y amor. Y quien vive de esta forma, seguro que está en Dios y Dios en él. De esta forma, consagramos nuestra vida y nuestro instituto por entero y de corazón al bien de los más pobres y necesitados.

Los Religiosos Discípulos de Jesús de Nazaret queremos hacer el bien como Jesús Nuestro Divino Maestro nos manda, con toda sencillez, sin que una mano sepa lo que hace la otra. Por eso pone Cristo su mano en el campo de nuestro Apostolado, junto a nuestras manos para hacer el bien a todos y por eso podemos esperar que los surcos se dilaten y se multipliquen. Es Cristo el Labrador con nosotros.

El secreto está en saber adivinar, entre el oleaje encrespado y el bramido amenazador de los vientos, la presencia del Señor dormido en la barca de su Iglesia o en la barca de nuestras almas. Y tener en gran estima el sacramento de la penitencia, que es la gran maravilla de la Misericordia Divina.

¡Qué gran amor el de Nuestro Señor para con todos sus hijos, que no se conformó con redimirnos, sufriendo todo tipo de dolores y amarguras y muerte de cruz! Por si todo eso fuera poco, quiso quedarse Él mismo en el Sacramento de la Penitencia, para demostrarnos su Amor infinito y sin límites. Y todo su poder lo depositó en las manos de sus ministros, sus sacerdotes. ¿Puede haber mayor amor del Señor para con nosotros? Nosotros, sus discípulos, debemos estar siempre enamorados de este Sacramento de Amor.

   
     
 
                                   

Palabras del Padre Fundador, Matías Socas Escobar.

Queridos Hijos:

   

El Padre nos amó y nos eligió “antes de la creación del mundo”, destinándonos “a reproducir la Imagen de su Hijo”.

En el Bautismo Cristo nos asoció a su muerte y resurrección y fuimos sellados con el Espíritu Santo para ser un Himno a su Gloria y fecundados para Dios, en la tarea del servicio y la edificación del Cuerpo Místico de Cristo.

El Espíritu que recibimos en el Bautismo y en el que fuimos Reafirmados en la Confirmación, nos invita a vivir en una nueva Familia Religiosa llamada DISCÍPULOS DE JESUS DE NAZARET,  dentro de la cual, vivimos en comunidad nuestra filiación Divina.

Por eso fuimos consagrados de nuevo, con un don especial, para vivir en Pobreza, Obediencia y Castidad, y asistencia a los enfermos y pobres más necesitados, a fin de representar en la Iglesia el género de vida que Cristo eligió para sí mismo durante su vida terrenal.

Así ofreciendo nuestra existencia como sacrificio vivo y consagrado, nos unimos  al Culto auténtico ofrecido por Cristo en la Iglesia y participamos de su oficio Sacerdotal en el desempeño de nuestra misión a los enfermos y personas pobres y necesitadas.

Con nuestra donación libre y total a Dios, aceptamos ser enviados al mundo como signo de su Amor Misericordioso.

La Sencillez de nuestra Vida, anuncia que el mundo, no puede ser transformado sin el Espíritu de las Bienaventuranzas. Somos testigos de que Cristo es el Señor de la Historia. Proclamamos la Grandeza y Amor de Dios y mostramos a los Hombres que Él, Jesús de Nazaret sigue ocupándose  de sus vidas y sus necesidades.

Mediante los Votos de Pobreza, Castidad, Obediencia y Asistencia a los más necesitados, manifestamos públicamente nuestra entrega plena a Dios.

La Iglesia recibe nuestra Oblación y la asocia al Ministerio Pascual de Cristo; La congregación nos vincula a sí y nos proporciona los medios para vivir nuestra vocación; nosotros nos comprometemos a responder fielmente al llamamiento de Dios, tratando de actuar siempre como miembros  vivos y creativos en la Iglesia  y de nuestra Congregación.

Debéis de formaros  según las reglas de san Agustín y nuestras Constituciones, primero deben formarse ustedes en el espíritu de oración, de Pobreza, de humildad, de obediencia, de Castidad, de amor al pobre y al necesitado.

No quiero sabios sino santos, debemos vivir para desagraviar la justicia de Dios después nuestro apostolado será el fruto de lo primero y de la acción de la gracia de Dios en nuestras almas.

Para poder salir a predicar la Doctrina del Señor, es necesario meditarla primero, luego después será fácil llevar a los demás lo que nosotros vivimos; ustedes Hijos míos también preparen sus corazones porque tendrán que dar testimonio  algún día de la sana doctrina  y de vuestra fidelidad al Señor y a su Iglesia. Hijos míos sed sufridos y vivid velando continuamente como las vírgenes prudentes del Evangelio, estad atentos porque no sabéis nunca cuando vendrá nuestro Señor.

Hijos míos entended de una vez por todas: el Señor no necesita de nosotros sino de nuestro amor a sus mandamientos y de nuestra obediencia a los mismos y esto para bien de nosotros mismos.

Viviendo de esta forma extenderemos el Reino de Dios y su justicia  será engrandecida y glorificada, tanto para los justos que se salvan, como en los obstinados que se condenan. Hijos míos toda la condenación de un alma comienza con la falta de acatamiento a los mandamientos del Señor.

El Señor nos dice ¡HE AQUÍ QUE ESTOY CERCA,  PERO…
SI NO HACEIS PENITENCIA Y NO CAMBIAIS DE VIDA Y DEJAIS EL PECADO Y NO CREEIS EN EL EVANGELIO, MUCHOS PERECERÁN!.

Por esto Hijos míos el Señor nos dejó advertidos en el evangelio que vendrán momentos en que unos a otros os haréis daño hasta mataros, y muchos creerán hacer un bien al Señor, estos demonios viven en la tierra encarnados en los hombres.

Hijos míos predicad la buena nueva a todas las criaturas como dice San Pablo oportuna e inoportunamente. Vosotros cumplid con vuestra misión de evangelizar a las almas, predicad a los cuatro vientos que las almas vivan en gracia de Dios, sin pecado mortal para que puedan combatir y triunfar del enemigo que busca en todo momento arrebataros del Reino de Dios, esos enemigos son de los que habla el Papa León XIII al Arcángel San Miguel, Son los espíritus malignos que vagan por el mundo buscando la perdición de las almas.

Nosotros los discípulos del Señor debemos anunciar a las almas  que luchen continuamente contra los enemigos del hombre a saber : El Mundo, el demonio y la carne. Esta lucha debe comenzar empuñando las armas adecuadas y la coraza. La coraza es la fe y la guarda de la doctrina del Señor. Las armas después de vivir en estado de gracia santificante, deben ser: la Oración, la Penitencia y el Ejercicio de todas Virtudes.

   
     
                   
                     
 
La Oración, El Ayuno y La Misericordia
 

Tres son hermanos míos, los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la Devoción constante y la virtud permanente. Estos tres resortes son: la Oración, el Ayuno y la Misericordia.

Porque la oración  llama, el ayuno intercede, y la misericordia recibe. Oración, Misericordia y Ayuno, constituyen una sola y única cosa y se vitalizan  recíprocamente. El ayuno es, en efecto el alma de la oración y la misericordia es la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlas, pues no se pueden separar.

Quien posee uno solo de los tres, si al mismo tiempo no posee los otros no tiene ninguno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayune que se compadezca, y que preste oído a aquel que le suplica, tu deseas que Dios te oiga, presta tu oído al que te suplica ayuda; y no cierres tus oídos  al que te implora. Presta atención al hambriento, al necesitado, al pobre, al abandonado, a todo aquel que te lo suplique. ¿Cómo puedes tú suplicar al Señor Misericordia, si tú no la tienes con tu prójimo?

Es un indigno discípulo de Jesús de Nazaret si suplica y pide a Dios para sí, lo que niega a su prójimo.

Recuerda lo que dice el Profeta: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado. Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias Señor.

Hermanos míos, ofrecedle a Dios nuestro Señor vuestras Almas en Oblación que sean ostias puras y un sacrificio santo y víctimas vivientes, provechosas para vosotros y acepta a Dios. Quien no dé esto a Dios no tendrá excusa, porque nadie que no se posee a sí mismo podrá darse a Dios y a los demás.

Más, para que estas ofrendas sean agradables a Dios, tienen que ir acompañadas de la Misericordia con tu prójimo; del Ayuno que germina y riega las virtudes. Más que perfeccionéis vuestros corazones y purifiquéis vuestras carnes, tenéis que dejar los vicios y sembrar en vosotros todo tipo de virtudes, esta es la mejor forma para que cosechéis juntos frutos y tesoros para el cielo.

Lo que tú siembras en la tierra, eso mismo recogerás en los graneros del cielo. Para que no perdáis nada a fuerza de guardar, recoge, a fuerza de repartir y dar al pobre, de esa forma te estás haciendo limosna a tí mismo: porque lo que dejes de dar al necesitado, no lo tendrás tampoco para ti.

 
   
   
   
Discípulos de Jesús de Nazaret
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